Se trataba del cementerio civil, al que los lugareños llamaban el "corralito", destinado dar refugio a los cuerpos de suicidas y otros heterodoxos de la religión.
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En este cementerio fueron enterrados los Amantes de Galaroza, tras su suicidio. Sus familiares y allegados más queridos, ante la tragedia, decidieron que yacieran en tumbas contiguas, para que descansaran eternamente uno al lado del otro.